jueves, septiembre 24, 2020
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Hiroshima revisitada. Cap 10. Perdidos en el tiempo.

¿Realmente los bombardeos atómicos sobre Hiroshima y Nagasaki supusieron la rendición inmediata del Japón y el final de la Segunda Guerra Mundial? La teoría del profesor Tsuyoshi Hasegawa abre algunos interrogantes en el 75º aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial.

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Hiroshima revisitada. Cap 10. Perdidos en tiempo.

Como cada año ha llegado el 6 de agosto y con esa fecha, la celebración del aniversario del bombardeo atómico de Hiroshima. Esta vez, en medio de la pandemia global y con la polémica en torno a la muy baja tasa de mortalidad experimentada en Japón, por causa de la covid-19, siendo el  país más envejecido del mundo.  La efeméride incluye también el debate puntual sobre la justificación moral y ética del ataque nuclear contra las dos ciudades japonesas, hace ahora, precisamente, setenta y cinco años.

Sin embargo, es menos habitual enfocar ese fenómeno desde el cuestionamiento integral del relato histórico de los vencedores oficiales, esto es, los americanos. Y eso es algo que viene haciéndose desde hace ya algunos años, a partir de historiadores totalmente serios y bien documentados de universidades estadounidenses. Uno de los libros que ha tenido más repercusión es del profesor Tsuyoshi Hasegawa: Racing the Enemy. Stalin, Truman and the Surrender of Japan (Harvard University Press, 2005).

La cuestión que plantea Hasegawa es la siguiente: ¿Seguro que Japón se rindió debido a los bombardeos nucleares de Hiroshima y Nagasaki? Al menos este es el axioma que desde 1945 hemos venido estudiando en los libros de texto; pero el cuestionamiento del investigador americano de origen japonés no parte de teorías conspirativas o datos secretos no conocidos hasta ahora, sino de evidencias que siempre han estado a la vista.

Como punto de partida, la constatación de que si buen las bombas atómicas lanzados sobre Hiroshima y Nagasaki el 6 y 8 de agosto de 1945 causaron una formidable devastación y una elevada mortalidad, para los japoneses no supuso un shock tan descomunal puesto que prácticamente todas las ciudades de cierta entidad en el archipiélago habían sido literalmente arrasadas por las incursiones americanas de ese mismo año y el anterior con bombas convencionales e incendiarias. Osaka, Kobe, Nagoya y sobre todo, Tokio resultaron devastadas, pero también lo fueron otras sesenta y tantas localidades.

En segundo lugar, los estadounidenses sólo lanzaron dos artefactos nucleares, porque no tenían más. Desde el día 9 al discurso de rendición radiado por el emperador Hirohito transcurrieron seis días; la rendición no fue inmediata. Y durante esos días decisivos, se sucedieron los intentos de los militares más fanáticos por seguir resistiendo llegando al punto de intentar un golpe de estado.

Mientras tanto, los soviéticos lanzaron una potente ofensiva con tropas y carros  de combate que habían traído desde Europa –las mismas unidades que habían tomando Berlín terminando con el Tercer Reich tres meses antes- y ocuparon Manchuria en una semana, destruyendo las unidades más selectas del Ejército japonés.  Mientras tanto, fuerzas anfibias también soviéticas  habían desembarcado en la isla de Sajalín, la más septentrional del archipiélago japonés.

Hiroshima y Nagasaki
¿Realmente los bombardeos atómicos sobre Hiroshima y Nagasaki supusieron la rendición inmediata del Japón y el final de la Segunda Guerra Mundial?

Y este es uno de los argumentos más audaces y renovadores que se desprenden del trabajo de Hasegawa: que la rendición del Japón podría haber tenido, al menos, tanto que ver con la ofensiva soviética como con el bombardeo nuclear de Hiroshima y Nagasaki. Esta constatación tiene dos consecuencias estimulantes. En el ámbito de la historia contrafactual, esto es, en un plano más lúdico que académico, podríamos imaginar a las tropas soviéticas entrando en Tokio en septiembre u octubre de 1945, mucho antes de que los americanos hubieran podido desembarcar en Japón en base a la denominada Operación Olympic, prevista para el mes de noviembre y que quizás hubiera dejado en evidencia el impacto real de unas armas nucleares que los americanos tardarían un tiempo en volver a fabricar y no hubieran puesto al servicio de la ofensiva soviética. En definitiva, un escenario difícil de imaginar sin tener en cuenta las tensiones que eso hubiera generado entre los dos aliados principales que estaban ganando la Segunda Guerra Mundial: Estados Unidos y la Unión Soviética.

Pero sí que se puede inferir una conclusión más realista: en la rendición del Japón no parece ya que Little Boy y Fat Man, las bombas atómicas lanzadas sobre Hiroshima  Nagasaki, tuvieran una importancia tan decisiva en la rendición del Japón. La amenaza que implicaba la ofensiva soviética de agosto hubiera supuesto algo que los americanos habían buscado evitar, aunque lo formularan tarde: el destronamiento del emperador y la transformación social del Japón tradicional o lo que quedaba de él.

En definitiva: un protagonismo soviético en el final de la Segunda Guerra Mundial –tanto en la destrucción del enemigo alemán como del japonés- que ha quedado oculto, al menos en Occidente por las interpretaciones historiográficas hijas de la Guerra Fría.

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4 Comentarios

  1. Muy acertado el artículo y la teoría. Yo ya lo había oído hace bastante tiempo. Había un millón de rusos a punto de hacer el desembarco…

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