jueves, septiembre 24, 2020
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Cuando Zorba, el griego, te enseña a bailar

Creo que Alexis Zorba, el griego, estaría de acuerdo conmigo. El héroe de la novela de Nikos Kazantzakis es uno de los personajes más entrañables de la literatura, un obrero que compensaba su falta de instrucción con un apetito voraz por nuevas experiencias, una vitalidad curiosa, como un niño que descubriera el mundo por primera vez, y una inteligencia despierta y vivaz, práctica, capaz de hacerse las preguntas más simples y las más complejas por igual.


En literatura, el gusto es algo muy especial. Algunos gustan de la belleza de la prosa, y están dispuestos a perdonarlo todo a una novela si está escrita con mano de ángel. Otros aspiran a la profundidad filosófica, a leer novelas intelectuales, capaces de plantear los Grandes Temas de la Humanidad. Hay quienes se solazan en los juegos intelectuales, intertextuales, interestelares, de las novelas que acuden a los recursos que ofrece trastocar la estructura de una novela. Y no faltan los fans de tal o cual género, autor o temática preferida.

Por mi parte, y admirando a los autores capaces de crear todas esas bellezas, personajes profundos, diálogos vivaces y descripciones perfectas, la verdad yo adoro dos cosas por sobre todas las demás en un libro: que posea verdadero humor y que esté escrito con el corazón.

Si un libro está escrito con el corazón, si tiene sangre en las venas, le puedo perdonar casi todo lo demás. Exageraciones, grandilocuencia, personajes mal construidos, todo puede aceptarse, porque está dicho que el pecado contra el Padre y el Hijo será perdonado, pero nunca el pecado contra el Espíritu Santo.

Portada Zorba el griego Acantilado
Portada Zorba, el griego de Nikos Kazantzakis. Acantilado

Y creo que Alexis Zorba, el griego, estaría de acuerdo conmigo. El héroe de la novela de Nikos Kazantzakis es uno de los personajes más entrañables de la literatura. Un obrero que compensaba su falta de instrucción con un apetito voraz por nuevas experiencias, una vitalidad curiosa, como un niño que descubriera el mundo por primera vez, y una inteligencia despierta y vivaz, práctica, capaz de hacerse las preguntas más simples y las más complejas por igual.

Un viejo que lo ha hecho todo, con pasión, bebiéndose el mundo a grandes sorbos. Si soldado, el más valiente y más atrevido –y el más sanguinario, llegado el caso. Si obrero, el más esforzado y trabajador, ese que no termina hasta ver la tarea hecha. Si glotón, capaz de atiborrarse de manjares. Y siempre, siempre, amante, enamorado. Capaz de cualquier locura, cualquier atrevimiento, por una mujer.

Y este tipo vital, de hechos y no palabras, se unirá en un proyecto de explotación minera a un hombre bondadoso e intelectual. Uno de esos hombres sensibles, de manos suaves que lo ha leído todo, pero que en realidad no sabe nada. Y Zorba lo convencerá de tomarlo de asistente personal, capataz, cocinero y músico. Esta pareja dispareja se instalará en un pueblito griego, intentando explotar una mina de carbón, y se harán amigos. Si Zorba guarda cariño a su patrón, lo trata como un niño que no ha vivido lo suficiente, lo cuida y mima, entonces el patrón admirará el carácter, la energía y la áspera sabiduría vital de su nuevo subordinado.

Los dos hombres se instalarán en la pensión de una vieja actriz, cantante, vedette o vaya a saber qué, una abuela que antes supo ser hermosa, y ahora apenas puede con su cuerpo. Y Zorba, que sabe bien que no hay pecado más grande que negar el amor, se volverá su amante, una especie de recordatorio de que ella, la vieja Bubulina, supo ser hermosa y codiciada de joven, y aún hoy tiene un hombre a su lado.

Cuando Zorba no está con ella (a quien quiere compasivamente, y mima como si fuera una diva todavía, por complacerla y hacerla feliz), conversa de los más diferentes temas con su patrón, discutiendo desde los modos de hallar a Dios hasta sus artes de conquista, pasando por el patriotismo, el sentido de la vida, las edades del hombre, la vejez y el baile.

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Publicidad película Zorba el griego. Dirigida por Mihalis Kakogiannis y protagonizada por Anthony Quinn, Alan Bates e Irene Papas. IMDb.com

Sí, el baile, que Zorba usa para expresarse cuando no tiene palabras a mano y necesita nombrar lo que vive en su pecho.Una novela situada en una época y un lugar pobrísimos, brutales y crueles, llenos de costumbres bárbaras, misóginas, racistas, de las que los mismos protagonistas no están exentos.

Zorba adora a las mujeres, las busca y las consiente, pero no las considera sus iguales. Lo mejor de su corazón, la parte más noble y verdadera, la dedica a la relación con su patrón. No obstante lo cual, cuando una turba quiere ajusticiar a una viuda en virtud de unas creencias mojigatas y malvadas, será Zorba quien se juegue el pellejo para evitarlo, porque le sobra corazón y sangre en las venas –y no porque vea a las mujeres como sujetos de derecho ni nada por el estilo, claro está.

Una novela que se pregunta por el sentido de la vida, que se pregunta por nuestro entendimiento y nuestra forma de acercarnos a Dios y al mundo. Nos plantea el camino del hombre cultivado, sensible y capaz de la mayor intelección, al paso que nos muestra el camino de la sensualidad basta y poderosa de un hombre que se hace uno con la naturaleza y vive, como si toda la Tierra palpitara bajo su piel. Un poco como si Sancho Panza enseñara a vivir a Don Quijote, supongo.

De hecho, hacia el final, Zorba enseñará a bailar a su patrón. Le mostrará cómo vivir, cómo hablar con su cuerpo, cómo olvidar a su hermosa y delicada cabeza por un momento. Y no es casual que ésta sea la escena icónica de la película, didigida por Mihalis Kakogiannis, donde Anthony Quinn interpreta a Zorba, el griego. Si esa escena que todos recordamos: dos hombres amándose virilmente, alegres, danzando frente al majestuoso mar Mediterráneo, después de haberlo perdido todo.

Una novela que no se acerca a la sensibilidad actual, que naturaliza la violencia, la misoginia y nos presenta la maldad gratuita como algo normal. Una novela grandilocuente a ratos, demasiado preocupada por Dios y por el sentido de la existencia, que son temas de los que hoy hablamos poco. Pero también una hermosa celebración de la amistad, del trabajo cotidiano, de la naturaleza y de la amplia gama de la experiencia.

Y, además, un libro escrito con amor, y yo soy de los que creen que siempre habrá una oportunidad para quienes tienen una chispa de caridad en la mirada.


Te invitamos a leer otras reseñas de libros y artículos de Carlos Basualdo Gómez.

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