jueves, septiembre 24, 2020
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YO, YO y YO. El orgulloso y megalómano español

¿Somos orgullosos? Algunos vecinos europeos consideran el lenguaje español al servicio de la megalomanía. La fuerza del YO en nuestra forma de hablar les sorprende. Pero esa mirada que critica sin sentido crítico puede llevar a error. El orgulloso español es una falacia que se deshace ante el espejo de otras lenguas.


Existen expresiones extranjeras que nos encasillan en tópicos. Sus orígenes alcanzan décadas. Su uso, multitudes. Se alojan en el lenguaje coloquial y no siempre acabamos bien parados. Pienso en esa expresión que dicen los alemanes confusos que se traduce como “suena a español” cuando algo es incomprensible. Tampoco nos va a generar molestia alguna. Aquí se cambia el «español» por el «chino» a los mismos efectos. Quizás algo menos educado es aquella que dicen los franceses de «parler comme une vache espagnole», hablar como una vaca española, para referirse a quien no habla un buen francés.

Pero no pretendo batallar contra las expresiones que el tiempo ha sedimentado en el vocabulario de este o aquel país. Tenemos nuestra propia cosecha en ese sentido: «Hacerse el sueco», ejemplificando el ejercicio de oídos sordos, sin ir más lejos. Pero hay una expresión que hace reflexionar sobre nuestra forma de ser (si es que existe una forma de ser propia de esta tierra). «Stolz wie ein Spanier!», dicen los alemanes. «Fier comme un espagnol!», repiten los franceses. «As proud as a spaniard», siguen los angloparlantes. «Orgulloso como un español». El estereotipo está servido.

Esa exaltación personal del español, ese ánimo interno que se exporta durante siglos a nuestros vecinos europeos, ¿proviene de una actitud uniformada que nace a esta latitud del mundo? ¿Es un mero tópico? ¿O es acaso ese “orgulloso español” una asociación inconsciente que deriva de nuestro idioma?

Aprender a pensar, José Antonio Jáuregui
Aprender a pensar, José Antonio Jáuregui

Leo un ensayo llamado Aprender a pensar con libertad escrito por el Doctor José Antonio Jáuregui y reflexionan sobre este punto con humor y conocimiento de causa. Rememora Jáuregui un encuentro con Julio Caro Baroja, nieto del célebre Pío Baroja. Aquel recuerdo, a modo de charla, encauzaba en cómo les llamaba la atención el tratamiento de la primera persona en España. El YO español. Así como la importancia o desdén que se le arroja en ese encuentro idiomático de según qué lenguas.

Se recoge en el libro que en España el YO se canta más que se dice. «Es que yooo…»; «Porque yooo…»; «Lo sabré yo»; «Lo que yo te diga». Resuena mucho. Por eso puede parecer, a priori, exagerado o hipertrófico, como apuntaba Julio Caro. Frente a su fonética, el «I» inglés no se puede alargar y cantar, queda asordinado, recatado y sobrio. Puede que eso refleje la forma de ser, que las palabras inclinen las actitudes hacia la presencia de uno mismo en escena.

Pero en esa misma escena, ya sea la conversación cotidiana de los hispanohablantes o la recolección académica, ese yoísmo se difumina hasta desaparecer en la mayor parte de los casos. Los verbos arrancan en primera persona sin necesidad de imponer el pronombre. «Vengo de»; «Acabé todo»; «Pienso que». No necesitamos decir: «Yo vengo de»; «Yo acabé todo»; «Yo pienso que». Descabezados de toda soberbia, el sujeto queda tácito.

José Antonio Jáuregui
José Antonio Jáuregui

Apunta Jáuregui que no ocurre igual con el francés, por ejemplo. «En la cultura del “Roi Soleil” o de Charles de Gaulle, el “yo –je–” aparece hasta en la sopa». Usa de ejemplo la máxima de Descartes que en español es «pienso, luego existo», mientras que en su francés originario dice «je pensé, donc je suis». La repetición del «je», el «yo», en el idioma francés invade la memoria a base de repetición. Su huella es enorme frente al «yo esmirriado, flaco y descolorido que no llega casi nunca al cerebro de un español».

Retrato de René Descartes por Frans Hals (1649)
Retrato de René Descartes por Frans Hals (1649)

Si cambiamos de escenario ocurre algo similar. Observando al «I», yo inglés, parece ser un tratamiento «modesto y humilde», según Caro Baroja. Pero aunque no suela ser cantado hay una pequeña trampa en aquel orgullo anglófilo. «La cultura de Hamlet y de Macbeth escribe yo con mayúscula –I– frente al you –tú, usted, vosotros–, escrito en minúscula». Y se remata la reflexión indicando que «Se transmite al inglés un claro mensaje jerárquico: primero yo y después tú».

Por lo tanto, cada cultura de estos tres países, con sus potentes idiomas, usa un tratamiento del YO con diversas connotaciones y presencias. Por lo que ese orgulloso y megalómano español, esa imagen soberbia del idioma de nuestro país, es únicamente una falacia perfectamente rebatible. No utilizamos el yo hasta la saciedad como los franceses ni lo injertamos con mayúsculas como el inglés hace. ¿Acaso vamos a ser más altivos que ellos?

Otra cosa será la actitud que transmitamos con nuestros hechos frente a aquellos que sean ajenos a esta tierra. En el idioma, al menos, nos cantamos sin derrochar orgullo.


Te invitamos a leer otras reseñas de libros y artículos de Alberto Revidiego.

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