jueves, septiembre 24, 2020
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Soledad, ven a mí o huye de mí

¿Quién imaginaba de pequeño que la soledad podría suponer un condicionamiento en su vida? Soledad, según el Diccionario de la Lengua Española, «Carencia voluntaria o involuntaria de compañía».


En ocasiones nos sentimos solos en un determinado contexto de nuestra vida, por ejemplo, en el trabajo, donde podemos no hallar a nadie con quien compartir inquietudes, conocimientos o formas de ser, estar y actuar.

Otras veces, el factor tiempo cobra especial importancia, por ejemplo, cuando rompemos con una amistad, en cuyo caso la sensación de estar solos nos puede invadir durante un día o durante algunos años.

Por otra parte, la soledad viene acompañada, aunque parezca paradójico, de la mutua compañía, pues podemos sentirnos solos incluso estando en pareja. Esto sucede cuando la persona con la que compartimos nuestro tiempo, nuestra vida, nuestro todo, no empatiza con nuestras emociones, nuestros sentimientos,… con nuestro espacio.

También la soledad puede ser la guía que acompaña nuestra existencia. Bien por miedo al fracaso o a la decepción respecto a lo que esperamos de otros. Bien por autoimposición, sin que ello suponga una merma emocional, por ejemplo, aquellas personas que se recluyen en sus convicciones morales y deciden dedicar su estancia en este mundo al acompañamiento espiritual. O bien porque es una elección totalmente legítima, ya que cada cual puede decidir si se encuentra mejor solo o acompañado.

También existe la soledad impuesta por las circunstancias, cuando éstas te consumen tu día a día y no te permiten -o no te permites- realizar otros proyectos. Como puede ser cuando decides, en cuerpo y alma, dedicarte al trabajo y a nada más. En ese caso la vida está compuesta por jornadas interminables y autoexigentes en las que lo que importa es generar dinero y/o sentir que eres imprescindible o necesitas autorrealizarte constantemente.

Y qué decir tiene la soledad existencial, cuando te planteas qué eres, quién eres o cuál es tu propósito en este mundo. ¡Qué tristeza de soledad! ¡Vivir siempre así es un verdadero sufrimiento! Aquí se echa en falta entonces el diálogo interno, ya que asumir la soledad requiere de este diálogo y saberla gestionar de forma correcta, bien cuando la eliges, bien cuando te llega, es absolutamente necesario para tu supervivencia.

Saber enfrentarte a tus miserias y a tus grandezas, gestionar tu autoestima y no creer que dependes de otras personas para sentirte acompañado, en este caso la dependencia emocional puede ser realmente nefasta.

La soledad de nuestras personas mayores

Durante el tiempo de confinamiento, que todos hemos vivido cada cual a nuestra manera, esta cuestión se ha manifestado como algo completamente latente hasta el momento, pero que ha emergido sin piedad.

Aunque esto da para escribir otros muchos artículos que llegarán a su debido tiempo. en este hablaremos de la soledad por antonomasia, esa soledad impuesta por la vida, la soledad de nuestras personas mayores.

Esta soledad combina todas las anteriores: ni trabajo, ni amistades, ni pareja (en estos dos últimos casos porque ya todos se han ido) y la familia, los descendientes, no tienen más remedio que vivir su día a día.

Esa soledad que se perpetúa en el tiempo por tu propia existencia y sobre la que pocas personas recapacitan. La puedes sentir como un acompañamiento vital, procurando ser consciente de que éste es tu destino, disfrutando del momento y aceptando con buen agrado que es lo que te toca vivir, sin ser víctima de la melancolía que acompaña al pasado y sin atormentarte por los devenires del futuro.

O bien la puedes sentir como un lastre de incalculables dimensiones. Perpetuarte en esta inquietud, en esta zozobra, no te reportará más que desdichas por todo aquello que podría haber sido y no fue.

¿Qué podemos hacer entonces? En realidad, no se trata de la soledad objetiva (vivir solo), sino de sentirse solo. Pero bien, estar solo, al fin y al cabo, reporta múltiples problemas físicos y psicológicos, como pueden ser depresión, deterioro cognitivo, demencia, enfermedades cardiovasculares, desnutrición y otras derivadas del simple hecho de no tomar la medicación prescrita por un facultativo de la salud.

Si la persona mayor está limitada será necesario establecer unas adecuadas pautas para que su progreso sea lo más satisfactorio posible. Si no está limitada, será cuestión de orientarle hacia el mantenimiento de una vida saludable, sobre todo psicológicamente hablando, para que se mantengan lo más activos posible.

En todas las localidades existen asociaciones culturales, cursos, talleres, centros para mayores, etc. Pero, ¿y si no quieren, por miedo, por inseguridad o por falta de aceptación de la realidad que les toca vivir, hacer nada de todo aquello que tienen a su alcance? Entonces, ¿es soledad impuesta o soledad elegida…? Entonces, soledad, ¿ven a mí o huye de mí?.


Angélica Baeza desarrolla las especialidades de Neuropsicóloga, Coach personal, Psicopedagoga, Mediadora familiar y escolar, Perito Judicial de Familia en el centro psicológico del aprendizaje Novopedia en Alicante. Además, es Directora Pedagógica de Espacio 17 Musas.

1 Comentario

  1. El tema es interesante creo que se podrían escribir más artículos al respecto. El confinamiento a hecho saltar muchas alarmas de lo que ya existía como es el caso de la gente mayor.

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