lunes, noviembre 30, 2020
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El gesto de resistencia del Festival de Sevilla 

El optimismo se respira en las salas de cine del Festival de Sevilla. La resistencia fragua con la alta asistencia del público. Su estreno ha corrido a cargo de grandes apuestas que compiten en las principales secciones. En su gala inaugural prima el humor. A ello, se le suma que las crónicas de «La butaca de El Enmascarado» se hacen realidad gracias al descaro de su protagonista, Víctor Vigía. Teatro o mentira, ficción en todo caso.

Yo, Alberto Revidiego, dejo paso a esta primera crónica escrita por Víctor Vigía desde «La butaca de El Enmascarado» en el Festival de Sevilla. 


Crónica I del Festival de Sevilla

Desde «La butaca de El Enmascarado» por Víctor Vigía

La profesión de actor es una actitud. La vocación canta por sí misma, aunque no siempre la aprecian los demás. Es mi caso, como puede ser el de muchos. Padezco la ceguera de jurados y directores de castings. Nadie apuesta por mí pero sé que muy pronto voy a dar el salto a la gran pantalla. Lo presiento. Lo profetizo desde hace diez años. Títulos de créditos, blanco sobre negro, actor principal: Víctor Vigía. Aunque hay quien me recuerda cada aniversario que esto no es lo mío.

Estoy frente a una claqueta gigante en mitad de la calle. Una inscripción distorsionada reza: «17 Festival de Sevilla». La claqueta contiene un dibujo sesgado de un señor con alas y pañuelo rojo al cuello. La gente pasea alrededor del objeto gigante, lo sortea de camino al trabajo. Se diría que todos la tienen asimilada ¿Son capaces de normalizar una claqueta gigante y no mi trabajo como intérprete? La profesión de actor es una duda. Una incertidumbre que daría sombra a esta claqueta.

Por suerte el Festival de Sevilla atrae cada año a toda clase de personas relacionadas con el Séptimo Arte. Creadores, intérpretes, amantes y trabajadores de la industria cinematográfica. La veteranía de una decimoséptima edición habla por sí misma. Por esto cada año, durante el festival, no salgo de casa sin mi carpetilla llena de flyers impresos con mi web en la que se puede ver mi currículo como actor. Ojalá surja «La Oportunidad». Ese cruce azaroso: Película busca actor, actor busca película, cerremos el trato con un codazo (seguridad y salud ante todo). Este puede ser el año.

Cine Sur Nervión Plaza
Cine Sur Nervión Plaza. Foto: Alberto Revidiego.

Hay un hotel designado, Sevilla Center. Lo llamo «El Nido». Allí celebrarán este año las ruedas de prensa y encuentros con algunos creadores. Por eso decidí que pasearía obsesivamente frente a «El Nido» la mañana de la inauguración. «La Oportunidad» podría sobrevolar a sus puertas. Llevaba media mañana midiendo a pasos la fachada del edificio cuando ocurrió el incidente.

Un chico salió con prisa del hotel, maletín en mano y móvil en oreja. Yo estaba aburrido y, al verlo, forcé un encuentro fortuito. Decreté tarde que su juventud no me garantizaba una contratación. Sumados los factores, chocamos con violencia. Su maletín y mi culo fueron al suelo, ultrajados. El tipo ni interrumpió su conversación telefónica. Me echó una mirada furibunda, recogió su maletín y cruzó la avenida. Mi lentitud de reflejos me hizo ver, desde aquel asiento callejero, cómo el chico trotaba con prisa y hacía caer algo en mitad del paso de peatones.

Allá que fui por curiosidad (o para alejarme de aquellos que me habían visto caer estrepitosamente). Entre mis manos, un pase de prensa. Acceso directo a las entrañas del Festival de Sevilla. Aquella alegría casi me cuesta un segundo atropello.

Una consulta rápida de la web del Festival me confirmó que en veinte minutos arrancaba una sesión de Fanny Lye Deliever’D, una película de Thomas Clay que prometía transportarnos de este 2020 al siglo XVII inglés.

Antesala Cine Sur Nervión Plaza
Antesala del Cine Sur Nervión Plaza. Foto: Alberto Revidiego.

Se emitía en la sede de Nervión Plaza y razoné que estaba a una distancia justa para llegar a tiempo. ¿Podría colarme con aquel pase? La fortuna de 2020, si es que puede llamarse fortuna, es que todos vamos enmascarados. Media cara se nos pierde en una censura de tela, papel o filtro. El anonimato forzoso es la moneda que todos estamos aprendiendo a manejar estos meses. Y es precisamente eso lo que decidí inclinar a mi favor. ¿Acaso un buen actor no puede hacer el papel de mal periodista? ¿Acaso no soy capaz de simular la limitación de un fotógrafo en prácticas? Con mayor o menor fortuna, esa fue mi apuesta.

Recuerdo que Oscar Wilde dijo alguna vez: «Dale una máscara a una hombre y te dirá la verdad». Aquí la verdad es que valgo para actor. Una claqueta gigante no iba a ganarme en credibilidad. Por supuesto, entré como acreditado, justo a tiempo. La entrada estaba desierta. Al llegar al acceso un ejército de trabajadores y voluntarios me acosaron en nombre de la Santa Sanidad. Me apuntaron a la cabeza con un termómetro de esos que parecen una pistola futurista, mientras otro chico me comprobaba la entrada y un tercero me volcaba un tsunami de gel hidroalcohólico en la mano disponible. Le eché una mirada incrédula a este último y por debajo de su mascarilla sonrió y susurró una disculpa.

Con un goteo de gel por el suelo, llegué a mi butaca y me zambullí en la película. Se habla de libertad, de religión, de la naturaleza del ser humano y de los instintos que todos mantenemos, ya sea el de supervivencia u otros más lúdicos. El puritanismo del siglo XVII inglés arrojado con tintes de violencia explícita. Exaltación de la crueldad que se ampara en la virtud autoproclamada y algunos momentos de humor negro.

Cartel de Fanny Lye Deliever´D de Thomas Clay
Cartel de Fanny Lye Deliever´D de Thomas Clay.

Si algo puedo criticar de la proyección no es de la película, más bien de la persona encargada de generar los subtítulos. «Acha», «a vuelto» u «O otros» son elementos que como espectador me irritan y sacan de la película. En una escena de sexo jadean un par de frases que ni siquiera estaban traducidas, imagino que por entrega incondicional del traductor a la historia. Por suerte, fueron poquísimos fallos. Parafraseando a Thomas, uno de los protagonistas de la película (bautizado como «El director»): «El arma del poeta no es la espada sino el poder brillante de las palabras».

Esta candidata durante el Festival de Sevilla sufrirá recortes en el metraje a la hora de salir a las salas convencionales ¿La causa? Precisamente su esencia desvergonzada para mostrar facetas de aquella Inglaterra perdida en el tiempo.

Una vez expulsados de la sala me escabullí. Llevaba la misma tensión que siente una persona que sin querer se lleva entre sus compras un calcetín impagado, convirtiéndose en ladrón involuntario, sin el atenuante de no llevar la pareja siquiera. Tras el almuerzo busqué una cafetería próxima. Allí me llamó la atención un grupo de jóvenes. Parecían la perfecta audiencia de un concierto de rock, uniformados con camisetas negras. La palabra STAFF sobresalía con letras blancas a sus espaldas.

Cartel Charlatán de

Charlatán se va a llevar el EFA, ya veréis ⎯decía una chica completamente convencida.
⎯ A ti te va todo lo que sea sobre desesperación y milagros ⎯bromeó su compañera.
⎯ ¡Se tratan de hechos reales! Además es una película de Adnieszka Holland. Esa directora polaca me tiene ganada.
⎯ Yo apuesto por Mare⎯ apuntó uno de los chicos con fuerza.
⎯ Otra de desesperación…
⎯ Yo veo habitual la asfixia de una persona en una realidad cotidiana que la consume. ¿No te has sentido así alguna vez?

No esperé a la respuesta. Corrí a taquilla y me incursioné con mi papel de acreditado. El ejército de «Santa Sanidad» se arrojó sobre mí, los neones rojos del pasillo guiaban al público hasta sus salas. Accedí a la sala número 1, la mayor de aquel cine. El público había marcado un sold out de la sesión y la mayoría ya ocupaban sus asientos. Oí sin pretenderlo el que debió ser el primer reencuentro fortuito de la 17ª edición del Festival de Sevilla protagonizado por dos mujeres de mediana edad. «Yo he visto esta mañana Echo», «Yo, Odina. ¡Apúntatela!».

Cartel Mare de Andrea Staka
Cartel Mare de Andrea Staka

Charlatán empezaba con un diagnóstico de orina. No es una metáfora. A mí ya me tenía intrigado. Y lo que siguió fue una historia intercalada con flashbacks y basada en hechos reales. Suspiré aliviado cuando leí «hacha» en los subtítulos. Como curiosidad debo indicar que los actores que hacen del protagonista, en el pasado y presente, son padre e hijo. Los secretos de sus personajes hacen tener una segunda piel que les busca problemas. Algo similar ocurre con la protagonista de Mare.

Mare es una mujer cuyo mundo empequeñece por momentos. La película mantiene mucho diálogo sonoro con el espectador: Aviones despegando, música rock, el mar rompiendo en las olas. Cada paquete auditivo tiene un sentimiento asociado muy identificable con la protagonista. La tensión no deja de crecer con suavidad.

Este viernes iniciático del Festival de Sevilla ha sido un gesto heroico, de resistencia y optimismo. El trabajo de muchísimas personas ha hecho rotar los engranajes a favor de la Cultura. En el Teatro Lope de Vega celebraban la gala de inauguración subrayando el humor como salvavidas. A mal tiempo buena cara, que dicen. Y luego están los que nos encontramos pases de prensa, desvergonzados amantes del cine. Quedan muchos títulos por ver y ocho días más para disfrutarlos. Seamos oportunistas y aprovechemos.


Cartel 17 Festival de SevillaSigue las crónicas literarias de Víctor Vigía sobre el 17 Festival de Cine Europeo de Sevilla, desde «La butaca de El Enmascarado» a través de la Revista 17 Musas. 

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