lunes, noviembre 30, 2020
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Palmarés para un festival en pandemia

La pandemia no frenó al 17 Festival de Sevilla. El palmarés de este año debe ir tanto a las películas escogidas como al propio festival. Un esfuerzo diario que ha derivado en una hibridación con lo telemático. La gran pista de lo que será habitual desde ahora. Malmkrog se ha erigido de forma merecida con el Giraldillo de Oro. La butaca de El Enmascarado concluye con la narración de los últimos días de esta 17ª edición y la experiencia que supuso contemplar a la gran ganadora del Festival de Sevilla.

Yo, Alberto Revidiego, dejo paso a esta cuarta crónica escrita por Víctor Vigía desde «La butaca de El Enmascarado» en el Festival de Sevilla.


Crónica IV del Festival de Sevilla

Desde «La butaca de El Enmascarado» por Víctor Vigía

El viernes 13 es considerado el Día de las Librerías, otra cara de este cubo de Rubik particular que es la Cultura en España. Lo leí por ahí y pensé en la iniciativa «Leer antes de ver» del Festival de Sevilla. La recomendación de leer libros relacionados con algunas de las películas que se proyectarían, para así fomentar la lectura. La compra en las librerías independientes de la ciudad de alguna de estas obras conllevaría entradas dobles para sus películas. Memorias de África de Dinensen (Karen); libros sobre gestas imposibles de Wener Herzog (Dear Werner); o la novela Berlin Alexanderplatz (adaptación homónima), entre otros. Una iniciativa literaria que me hizo reflexionar sobre mi propia ficción.

Como actor dentro de un festival de cine rodeado de actores que fingen trabajar de acomodadores y celadores creo que he dado la talla. No me he salido de mi personaje de acreditado de prensa. No me han descubierto. He respetado las normas de la Santa Sanidad y los horarios estipulados. ¿He abusado como espectador? Sí, he calentado numerosas butacas. ¿Se me puede acusar de algo por ello? Acaso de ser un cinéfilo entregado.

Dibujo por Esther Chamizo Marín @estherchamar
Dibujo por Esther Chamizo Marín @estherchamar

Quiero pensar que la suplantación de identidad queda diluida en este amor profesado al cine europeo en tiempos de pandemia. ¿Por qué mantengo este discurso? La causa radica en el momento de lectura del palmarés del Giraldillo de Oro que corresponde a este 2020. La mañana del sábado 14. El momento en el que la pasión por mi profesión me hizo fracasar como actor. Todo a su debido tiempo.

Vuelvo a la mañana del viernes 13. A las nueve de la mañana estaba preparado en mi butaca para ver El abrazo, obra de Ludovic Bergery, que se proyectaba fuera de competición. Está protagonizado por la actriz francesa Emmanuelle Béart, que ha recibido de este 17 Festival de Sevilla el Premio Ciudad de Sevilla por su defensa del cine como Arte y ser considerada embajadora del Cine Europeo.

Volví más tarde para disfrutar de Rascal. Me quito el sombrero ante el diseño del protagonista. Pierre Deladonchamps es Djé, un tipo que acaba de llegar a París sin sustento ni objetivo. Un buscavidas de gran seducción, descarado y problemático que guarda con frialdad espeluznante una perversión. Elementos que, como espectador, me hizo balancearme entre la simpatía y el odio hacia el propio Djé.

Escena de Rascal
Escena de Rascal dirigida por Peter Dourontzis.

La flaca audiencia creció al mediodía. Se iniciaba el último fin de semana del 17 Festival de Sevilla. Tenía entrada para una aventura a la que fui con la mente muy abierta: Accidental Luxuriance of the Translucent Watery Rebus. Una película de animación, collages y rotoscopias que explora otros caminos para narrar historias. Trama detectivesca basada en una distopía relacionada con una nube de cenizas que borra la memoria o la existencia de quien se ven expuestos. Y va más allá: Parece atravesar el territorio de los sueños, la imaginación abstracta y simbólica.

Quedé atrapado en su lenguaje pero entiendo que pueda quien no tolere digresiones. La interrupción del sonido o el color a veces suponen nuevas vías. Quiero señalar algunas frases brillantes de su guión que sentí pronunciadas para mí mismo, en mi calidad de actor infiltrado.

Escena de Accidental
Escena de Accidental Luxuriance of the Translucent Watery Rebus dirigida por Dalibor Barić

«Al igual que los demás, no sé quién soy ni lo que quiero ni a dónde voy»; más adelante, dice: «Tuve que inventarme a mí mismo»; «sigo pensando que soy un intruso. Aunque me la arregle para pasar desapercibido pienso que me van a descubrir». Y finalmente aquella que me aterrorizó porque me vi inmerso en una trampa, un loop que yo mismo podría decir en estas crónicas: «Vemos una película que va de un hombre que ve una película que va de un hombre que…».

A las once de la mañana del sábado los auténticos periodistas y los farsantes nos congregamos en el salón principal del Hotel Sevilla Center, sede logística del Festival. Se dispuso la lectura del palmarés de cada sección. Con la distancia de seguridad prevista, aguardamos al veredicto. La conclusión fue bien repartida. Hubo sorpresas y la satisfacción de la profecía cumplida. Como no soy un periodista, no pienso recoger aquí una nota de prensa. Para eso lo resumen bien el propio Festival de Sevilla.

Me alegré profundamente de que el Gran Premio del Público de la Sección EFA fuese para El profesor de Persa de Vadim Perelman, película que tanto disfruté (aquella actualización de la literaria Sherezade, con la coincidencia de salir victoriosa un día después del Día de las Librerías).

El Giraldillo de Oro, el mayor premio del Festival de Sevilla, fue concedido para la película rumana Malmkrog de Cristi Puiu. Obra que, además, se ha llevado el Premio al Mejor Guión. Aplaudí con entusiasmo. Ante la concesión justificaron que la obra dio «la oportunidad de sentir que nos encontramos ante una obra maestra». Y el propio director, en grabación aparte, mostró su agradecimiento y reconoció que fue una película muy difícil de hacer.

Malmkrog se anunció como una «película en la que el placer de la retórica establece un delicioso juego con la puesta en escena». A lo que se añadía que «nos abre las puertas a una cena organizada por un aristócrata en la que ningún invitado es casual». Para finalizar con el dato de que está «inspirada en los textos del filósofo ruso Vladimir Solovyov, un viaje a través de la historia y un tour de force del intercambio de ideas».

Sala del Festival de Sevilla
Foto: Alberto Revidiego

Con estos ingredientes, estaba impaciente por verla. Abrí mi mochila y extraje la entrada para Malmkrog. La suerte hizo que me hubiese reservado esa película como última proyección del Festival de Sevilla. Un broche de oro que ahora brillaría más aún conociendo el veredicto del jurado. Abandoné mi personaje a favor del amante del cine. Me dispuse a abandonar la sala aunque no había acabado la rueda de prensa. Entonces sentí que alguien me cogía del brazo.

⎯ No tan deprisa ⎯ me dijo una voz grave mientras me arrastraba a un espacio anexo al vestíbulo⎯. ¿Acaso creías que no iba a pasarte nada por robarme mi acreditación?
No sé qué pretende pero suélteme ahora mismo. ⎯Atendiendo a los profesionales, la negación es la primera etapa del duelo.
¿O qué? ¿Quieres llamar a la policía? ¡Llamemos! Sabía que eras tú cuando te vi en la entrada del cine… Cuando me quedé fuera, sí, sí. Me has jodido bien la semana. Pero esto no va a quedar así, ¿te enteras? Ahora mismo voy a…

El codo es el nuevo foco de infección. Se emplea demasiado para contener toses o saludar. Imaginé que clavar ese codo en el estómago de mi retenedor multiplicaría las posibilidades de alejarlo y así obré. Me soltó y corrí a la calle. Me giraba a ratos y allí venía mi perseguidor. Ahora que me tenía a tiro, tras una semana de frustración y problemas, no me dejaría marchar.

De vuelta a la sede de Nervión Plaza, dudaba entre arrastrar los pies caminando o reptar por el asfalto. De un vistazo comprobé que mi perseguidor estaba en la misma tesitura. Correr con mascarilla es contraproducente, ahora lo sé bien. A punto de recibir el palmarés al mayor cansancio, me dejé arrastrar por las escaleras mecánicas que me llevarían a las salas de cine. Recuerdo pensar que si la Santa Sanidad, al medirme la temperatura, decretaba que no podía pasar, estaría perdido.

Más mojado que un pez, atravesé los controles y validé mi entrada. Una vez dentro de la sala me arrojé sobre el asiento. Cuando las luces se apagaban pude apreciar la silueta del tipo que había entrado en la sala. Se sentó junto a las puertas de salida con la típica paciencia del cazador.

Malmkrog se inicia en la nieve que encierra a sus protagonistas en la casa donde transcurre toda la película. Cae con un silencio que solidifica las conversaciones que entre los personajes se llevan a cabo. Es una obra construida sobre temas profundos y la argumentación sirve como vehículo. Se habla de elementos absolutos, de religión, de la necesidad militar, del poder de la cultura, de lo europeo como civilizado. Son pocos ejemplos. A su vez, la imagen exquisita del espacio y el vestuario hace disfrutar como espectador.

entrada festival de sevilla
Foto: Alberto Revidiego

Su mayor éxito es imponer una historia en la que la palabra predomina, el tiempo se dilata y la escucha prevalece. Una apuesta arriesgada en esta época de antojo e instantaneidad. Además juega con la propia vida de los personajes de forma muy sutil, hecho imposible de precisar aquí sin incurrir en spoilers. Me dio la impresión de que aquella casa es un fiel reflejo de la Europa actual, distraída en debates intelectuales muy importantes pero que desatienden a la acción real que se requiere para solucionar problemas a su alrededor. No obstante, el poder de la palabra y la escucha es exaltado como la manera en la que el respeto toma forma.

Al acabar supe por qué había ganado el palmarés del Giraldillo de Oro. Bajé distraídamente las escaleras hacia la salida y allí me volvió a coger del brazo el dueño de la acreditación que tenía al cuello. Esta vez accedí a hacer mutis por la izquierda con él. Estábamos mucho más calmado tras tres horas y media de película. De hecho, la propia obra nos llevó a dialogar. El tipo no era mal tipo. Yo tampoco debí darle mala impresión. Acordamos que, a cambio de evitar consecuencias legales, debería escribir crónicas de estos días a través del Festival de Sevilla para que él las presentase en su trabajo. Un pago justo.

Me informó que aquellos cines cerrarían unos meses a causa de la pandemia y sus horarios impuestos. Que otros festivales de cine han derivado de forma exclusiva a una presentación online. Puede que el 17 Festival de Sevilla haya supuesto un antes y un después en los desarrollos de estas citas cinematográficas. Un esfuerzo encomiable a favor de la Cultura y la salud que ha llevado a todos los participantes en este festival a hacer un trabajo excelente.

Tengo suerte de haber podido presenciarlo. Sigo sin contrato, pero me llevo la experiencia y estas crónicas. La profesión de actor es una actitud, como dije al inicio. Pero el amor por la Cultura es una forma de ser. Va por dentro. Y aquí todos incurrimos en la misma y afortunada perdición.


Cartel 17 Festival de SevillaSigue las crónicas literarias de Víctor Vigía sobre el 17 Festival de Cine Europeo de Sevilla, desde «La butaca de El Enmascarado» a través de la Revista 17 Musas. 

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