jueves, junio 30, 2022
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Morir cantando como El loco y la triste

El loco y la triste es una obra de teatro muy sencilla en su puesta en escena, con dos personajes y una casucha, o el esqueleto de una casucha. Y los dos personajes son Huinca, un borracho al cual la cirrosis tiene al borde de la muerte, y Eva, una prostituta vieja que cojea seriamente de una pierna. Son un par de marginados, a quienes el mundo desprecia y no tienen nada que hacer en la sociedad.


Con este par de personajes tristísimos, Juan Radrigán hubiera podido escribir un panfleto, una obra que criticara nuestra crueldad y nuestro abandono hacia las personas que no tienen oportunidades. O podría haber escrito un dramón sensiblero, que nos hiciera llorar quizá, explotando nuestras emociones. Pero, en vez de todo eso, acude a un lenguaje poético, aunque muy local y poblado de chilenismos, para hablarnos de esperanza.

De una esperanza imposible, de Eva intentando convertir la piezucha en una casa de verdad. de Huinca, que es un eterno soñador y bebe porque sueña mucho, diciendo que en esta vida uno debe morir cantando, y hablando de una casa nueva y mejor, hermosa, donde vivirán él, Eva y su familia. Los dos desheredados se permiten soñar con pequeñas cosas, con ser felices, con estar juntos, con hacer de esa perrera un verdadero hogar.

Ellos mismos se casarán, intentarán quererse con humildad. Pero, claro, es todo un sueño imposible, y están condenados desde el principio. ¿Dónde se ha visto que las putas y los borrachos puedan ser felices, si además son pobres?

Juan Radrigán nos regala con El loco y la triste una  obra en la que, al igual que en otras, indaga sobre la marginalidad, sobre la tristeza y sobre ser un olvidado en el mundo. Se trata de un dramaturgo que dedicó especial atención a los marginados, volviéndolos protagonistas de sus obras, y muchas veces renunció a planificar escenarios complejos, a fin de poder representar sus obras en poblaciones, para un público similar al que él mismo mostraba. Es una obra comprometida socialmente, pero que al mismo tiempo decide alzar el vuelo a través del lenguaje.

Juan Radrigan
Juan Galvarino Radrigán Rojas. Foto: De Gobierno de Chile, CC BY 3.0 cl, wikimedia.org

Y el lenguaje de El loco y la triste es un resorte fundamental de la obra. Plagado de chilenismos y modismos locales, que pueden incluso volver difícil su acceso para un lector o espectador extranjero, constantemente mantiene una calidad poética y un humor bronco y agresivo, fiel al habla de los más humildes. Si la palabra es lo único que tienen Huinca y Eva, pues no serán tacaños en usarla; al contrario, la usarán para zaherirse de las maneras más crueles, sin que ninguno de los dos se lo tome a mal. Humillados eternos como son, las ofensas no pueden dañarlos verdaderamente, sino que más bien son una forma de establecer un lazo entre ellos.

Portada de El loco y la triste de Juan Galvarino Radrigán Rojas.
Portada de El loco y la triste de Juan Galvarino Radrigán Rojas. popularlibros.com

Huinca se ríe de todo, acepta alegre cualquier palabra que le tiren (excepto órdenes), y luego devuelve con picardía de hombre de calle cualquier insulto. Eva, en cambio, se muestra más agresiva, más desconfiada, pero nunca se va de la pieza, sino que entiende que esa pequeña habitación es ahora el único mundo posible para ella. Y, en la medida en que ambos se hacen más amigos, irán surgiendo monólogos, de un habla popular, sencilla, y al mismo tiempo lírica. De una lírica totalmente conectada con el habla del pueblo, que no necesita más que las herramientas léxicas que la vida y la calle da, y las imágenes que la vida ofrece a la gente sencilla cuando necesita cantar.

Para cantar acerca del futuro, del paraíso, del lugar en que los pobres encontrarán un lugar para ser felices. Un lugar sencillo, como sus necesidades, en el que la justicia reine y los hombres puedan actuar como si fueran todos hermanos, y no exista la explotación. Este tono poético se mantendrá hasta el final, hasta que la realidad los golpee como un bulldozer, y los sueños caigan, carentes de fuerza, dejándolos solos ante el frío del exterior.

El loco y la triste es una obra tristísima, a la cual la belleza la salva. La belleza y la esperanza, esa adorable loca.


Te invitamos a leer otras reseñas de libros y artículos de Carlos Basualdo Gómez.

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