jueves, septiembre 24, 2020
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Aforismos: Cómo definirlos, cómo pensarlos y cómo recrearlos

Hoy los aforismos han dejado de ser aquellas máximas o sentencias de carácter moral y lapidaria que fueron en sus inicios. Entonces eran epigramas o sofismas o axiomas o epitafios, y sus máximos exponentes: Hipócrates, Epicteto, Marco Aurelio, Séneca o Cicerón. Hoy los aforismos tienden a ser poéticos, filosóficos, político-sociales, irónicos, humorísticos…


Decía Nietzsche que no hay hechos, sino interpretaciones. Pues bien, yo creo que el aforismo es eso, una interpretación sobre un hecho concreto, una fotografía mental que el aforista toma en décimas de segundo, la visión personal y artística de un instante preciso, de una imagen concreta captada, reflexionada y puesta por escrito, la rigurosa y delicada artesanía del pensar, de alcanzar una verdad; eso sí, una verdad siempre subjetiva.

Definir el aforismo no es fácil. Pocos géneros literarios hay menos definibles que él. Ramón Eder, por ejemplo, no pudiendo encontrar una única forma de hacerlo, lo define de varias maneras posibles y además lo hace de forma taxonómica, es decir, describiendo y clasificando los distintos tipos de aforismos que el detecta como tales. Aunque finalmente los reduce a solo dos.

«El aforismo mariposa, poético y alado, de procedencia oriental. El aforismo grave y pesimista de los moralistas franceses. El aforismo burlón de los humoristas inteligentes. El aforismo místico, profundo y misterioso como la noche. El aforismo paradójico que nos saca de nuestras rutinas mentales. El aforismo cínico que dice verdades irritantes. El aforismo prudencial que nos da pautas de vida. El aforismo científico, frío y exacto, como una ecuación… Hay muchos tipos de aforismos, pero se pueden dividir en dos: el aforismo excelente y el aforismo que no da en el blanco. Y la prueba es que cuando el aforismo da en el blanco se oye un sonido especial».

Hoy los aforismos han dejado de ser aquellas máximas o sentencias de carácter moral y lapidaria que fueron en sus inicios. Entonces eran epigramas o sofismas o axiomas o epitafios, y sus máximos exponentes: Hipócrates, Epicteto, Marco Aurelio, Séneca o Cicerón. Hoy los aforismos tienden a ser poéticos, filosóficos, político-sociales, irónicos, humorísticos… Aun así, deben cumplir una serie de características inexcusables entre las que destacan la concisión y la reflexividad.

Para crear aforismos primero leer a los mejores

Para aprender a crear aforismos tienes que leer, en primer lugar, a los grandes aforistas (a los clásicos y a los contemporáneos). Esta es una pequeña selección de alguna de sus creaciones:

  • Cómo se las arreglarán los buenos escritores para escribir un libro distinto para cada lector. (Ricardo de la Fuente)
  • La amistad es la más hermosa de las flores carnívoras. (Carlos Marzal)
  • Una cebra no necesita correr más que un león, sino más que las otras cebras. (Jorge Wagensberg)
  • A veces la única forma de recuperar la estabilidad es perder el equilibrio. (Benjamin Prado)
  • De nosotros los civilizados, los bárbaros solo conocen nuestros crímenes. (Anatole France)
  • El verano es la época del año en la que hace demasiado calor para hacer las cosas que no hiciste en invierno porque hacía demasiado frío. (Mark Twain)
  • La modestia es la más incómoda de las virtudes, porque no se puede alardear de ella. (Sergio Golwarz)
  • Ningún copo de nieve de una avalancha se siente nunca responsable. (Stanislaw J.
    Lec)

En segundo lugar, tienes que trabajar en los tuyos sabiendo que el buen aforista ha de tener olfato de cazador y paciencia de pescador. Anótalos en cuanto surjan. Hazlo en cualquiera de los soportes que en ese momento tengas a mano: servilletas de papel, tickets de la compra, hojas sueltas o cuadernos, y trata de expresarlos con la mayor brillantez posible. No importa cuántos escribas, seguramente, entre tantos pensamientos aparecerá de vez en cuando una perla. Sabrás identificarla. Al final se trata de hacer un buen collar con los mejores.

Intenta que el aforismo empiece cuando acaba de leerse, esto es, que obligue al lector a una breve reflexión y, a ser posible, a un entendimiento que lo lleve al asombro, pero cuidado con otorgar a una ocurrencia la categoría de aforismo. Como dice Jorge Wagensberg «El aforismo es como la poesía. O resulta sublime o es simplemente ridículo».

Cuanto más corto sea un aforismo, más difícil de expresar será. Esquivar dicha dificultad consistirá en acertar con el menor número de palabras utilizadas a la hora de componerlo y en el impacto que logres al expresarlo. Recuerda que un aforismo está obligado a dar en la diana, así que apunta bien. «No importa que el aforismo sea cierto o incierto: lo que importa es que sea certero», nos dice José Bergamín.

Aforismo Javier Viraje

Yo escribo aforismos (propios y ajenos) desde que comencé a escribir. Es decir, anoto cuantos textos me llevan a reflexión, y lo hago desde que empecé a subrayar en las novelas, poemas o cuentos que leía, frases que, por alguna u otra razón, me parecían memorables, o al menos, dignas de ser guardadas en mi memoria. Como la mía es de pez, las anotaba en cuadernos. Tengo varios, algunos con frases extraídas de textos ajenos, y otros, con frases extraídas de mi propia cosecha.

Ahí va una pequeña selección de estos últimos:

  • No te dejes impresionar por lo aparente. Piensa que la línea más curvada de todas es la línea recta del horizonte.
  • Cuando algo es previsible se vuelve manipulable.
  • Hay que tener un alto sentido de la imaginación para poder convivir con la realidad.
  • Soy un optimista enamorado. Veo siempre el beso medio lleno.
  • De las personas inteligentes, la más inteligente de todas es la que se rodea de personas más inteligentes que ella.
  • Todos firmarían morir de viejos. Todos, excepto los viejos.
  • Hay gente más preocupada en obligar a vivir a personas que desean morir dignamente, que en ayudar a vivir dignamente a personas que no se quieren morir.
  • Las cosas que desaparecen en una casa se encuentran en un submundo ubicado en otra dimensión al que solo pueden acceder las madres.

Para finalizar, lo hago con uno a modo de definición propia, creado cuando entendí la importancia de la universalidad de estas breves reflexiones a la hora de ser pensadas, a la hora de ser recreadas…

«Un aforismo no provoca impacto en ti cuando es sublime, sino cuando hay algo en él que tiene que ver contigo».


Te invitamos a leer otras reseñas de libros y artículos de Javier Viraje

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