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LIBRES SÚBDITOS DE LA MÚSICA – WWWeickert

A continuación, EIDÔLON – Aristófocles eterno, la colección de crónicas literarias de Alberto Revidiego para cubrir la actividad relacionadas con las Artes Escénicas que se desarrollan en los teatros y salas de Sevilla, recogidas en Revista 17 Musas.


 

CRÓNICA XXII: “LUZ SOBRE LAS COSAS” – WWWeickert

 TEATRO CENTRAL – EIDÔLON, ARISTÓFOCLES ETERNO

 

27 de enero de 2024 – 24s d.c. (veinticuatro siglos después de mi cuerpo)

Como almas libres, un puñado de espectadores corrieron hacia la salida de la sala, con abrazo prieto de sus abrigos y bolsos, deformados contra sus vientres. La gran mayoría del público aún seguía aplaudiendo la obra que acababa de terminar en aquella Sala B del Teatro Central, miraban de reojo a los escapistas, se relamían en su quietud. Yo, por supuesto, dada mi naturaleza nómada espacio-temporal me dirigí hacia la salida para contribuir cuantitativamente a la evasión.

Tras descender por las escaleras, fueron detenidos por un agente de sala, que imponía guardia frente a una puerta lateral de la Sala A. Del otro lado, sonidos de trompas o cuernos cruzaban el aire. Podría haber atravesado al gentío y aquella puerta con el mínimo frufrús de mi falda kilt al viento, pero me gusta sentirme parte del grupo (aunque el colectivo me ignore). Debió de terminar una introducción, pues tenían una pausa prevista para que gran parte del público entrase y ocupase sus butacas. Yo decidí sentarme en las propias escaleras, bien centradito, porque ante el graderío un escenario a pie de pista se extendía con gran profundidad hasta unos confines de sombras y, bajo unos focos a menos de tres metros, en pleno silencio, una figura femenina, vestida de negro y cubierta con un velo que ocultaba su rostro, arrastraba unas voluminosas bolsas para cadáveres hasta el proscenio.

Libres, Weickert, Música, danza

Me gusta enterarme sobre la marcha para qué he sido invocado, así que tomé uno de los libretos que tenía un espectador sobre su rodilla y leí que estábamos ante LUZ SOBRE LAS COSAS de WWWeickert. Danza y música en directo, aquello prometía. Arrojé aquel papel sobre las rodillas de su propietario, que dio un brinco sobre el asiento, ante la aparente levitación autónoma, y recibió un codazo de su acompañante, que ya estaba entregadísima al movimiento sobre el escenario. Un hombre (el multiinstrumentista Miguel Marín «Árbol») sobre una plataforma al fondo lanza un silbido melodioso que corta el aire (¿sólo yo noté el descenso de temperatura en la sala?) y entonces aquella mujer (una electrizante Luna Sánchez) abre una de las bolsas de la que sale, en contraste con la altura de ella, todo un Gólem (un inmenso, en el sentido más profesional de la palabra, Alberto José Lucena) que decide perderse por el fondo del escenario. Aquello empezaba a inquietar.

Ella se desvela y una rubia melena florece sobre el negro de su ropaje. La música, híbrida de electrónica y rock analógico, será dispuesta para que la luz de Luna luzca entre la penumbra casi onírica en la que se desarrollaría toda la obra. Por su propia mano, de la segunda bolsa para cadáveres, saldrá un Guillermo Weickert ansioso de movimiento y oxígeno, consiguiendo perderse por el fondo y cediendo, aún más, el protagonismo del momento a la bailarina, que parece espantar malos pensamientos mediante su danza, que es enérgica, violenta y pasional, como lo es la música y el ánimo de los espectadores entregados a ese momento.

Libres, Weickert, Música, danza

Una nube de humo cubrirá la estancia y una ducha de luces frías descenderá para recibir, bajo la misma, la llegada de aquel Gólem, en ropa interior clara, y que presentará micromovimientos que dan la imagen perfecta de ser una suerte de androide o personaje simulado por ordenador (estas cosas las oigo en los murmullos de los espectadores más cercanos, que siendo un dramaturgo de la Grecia Clásica, ya imaginarás lo que sé de tecnología… Para mí, un bolígrafo es futurista). Este Frankenstein recién llegado del más allá desarrollará toda una coreografía a base de popping que levantó algunas exclamaciones entre el público, en demostración ostentosa de un control muscular absoluto de su cuerpo, ya que este tipo de movimiento se basa en la mera contracción muscular. Mucho espejo y calambres hay detrás de ese entrenamiento, lo auguro.

Es muy hermoso cómo llegará el personaje de Luna y se comunicará con Alberto mediante la danza y algún juego netamente físico, propio de artes circenses (pienso en ese cuerpo fusionado tan efectista). Surgirá también una suerte de versión enfurecida de Weickert desde el fondo, cuya perorata intermitente provocará la risa entre el aforo. A estas alturas, Miguel Marín canta, toca la guitarra y mantiene una instrumental electrónica, dando paso, poco más tarde, a una sesión de percusión con baquetas por el propio entarimado del teatro, en casi ejercicio de pastoreo de los danzantes que acabarán recogidos bajo la plataforma del músico. Es todo tan evocador, que no dejo de anotar en el libro que siempre porto conmigo, un montón de recursos que algún día pienso copiar descaradamente. ¡Qué lección escénica!

Libres, Weickert, Música, danza

Un trabajo hermoso que tomará el camino final cuando, en desatada rebeldía contra el personaje del músico-dominador, estos personajes escapen de sus casillas y descubran una magnífica puerta lateral de la que emana una luz blanca y el sonido idéntico de la música que, minutos antes, ellos habían atravesado, casi como si aquí se rompiese las leyes físicas y, al otro lado, estuviesen ellos mismos u otra de sus versiones, en danza libre de su línea temporal. El personaje de Weickert inducirá al Gólem tecnológico hacia el interior de aquella incógnita al otro lado de la puerta y, cuando vuelva tras unos segundos de ausencia, se romperá de nuevo una frontera más, la cuarta pared.

Lucena sale al borde del escenario y, sentado en un taburete, hablará con el público, en contraste de impacto entre su personaje de otro mundo y su cariñoso discurso (no puede ser más majo). «Siempre es igual» confesará en relación con el final (¿final de la obra? ¿De la vida? ¿Del camino?), dando a entender que no es la primera vez que se hace ni la última, jugando con un doble sentido, el metateatral (siempre que se interpreta la obra) y de ficción, de estar en una especie de loop temporal en la que estamos todos inmersos. Es muy bello el momento de resolverlo, con una explosión de alegría verbalizada y unas carreras a lo largo de todo el espacio teatral, a la que se sumarán Luna y Guillermo. Repito, desde la más absoluta sencillez, es un momento MUY bello.

Libres, Weickert, Música, danza

Me entusiasmó que se terminase en admiración del propio teatro, de las instalaciones, de las posibilidades que se albergan entre los hombros y bajo el peine. La música recogerá a los bailarines, casi como si fuesen juguetes que obedecen unas leyes musicales innegociables, empuñadas de nuevo por la alta técnica de «Árbol», hasta el punto del agotamiento. Quedan tocados en algún sentido, grita con reincidencia Weickert al público un sentido «I love you», que sus compañeros responden y hasta el público reacciona. Se introducen los varones en sendas bolsas para cadáveres, el cierre de la obra será de cremallera, a grito de «I love you», acunado en la libertad que ofrece la expresión emocional y la energía escénica con la que todo, absolutamente todo, es posible.

Libres, Weickert, Música, danza


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