sábado, febrero 21, 2026
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A TEMPO REINCIDENTE – Miet Warlop – “ONE SONG”

A continuación, EIDÔLON – Aristófocles eterno, la colección de crónicas literarias de Alberto Revidiego para cubrir la actividad relacionada con las Artes Escénicas que se desarrollan en los teatros de Sevilla, recogidas en Revista 17 Musas y Mapa Desbloqueado. Y Aristófocles, como eidôlon que es, más fantasma que nunca, participará de esta experiencia. Si quieres conocer en qué consiste este proyecto, aquí tienes la presentación.


CRÓNICA XIII: “ONE SONG” – Miet Warlop

TEATRO CENTRAL – EIDÔLON, ARISTÓFOCLES ETERNO

20 de febrero de 2026 – 24s d.c. (veinticuatro siglos después de mi cuerpo)

Retransmito desde el vibrante auditorio del Teatro Central de Sevilla, en el que la afición casi no ha dejado un asiento vacío, dado que estos días no son unos cualquieras del calendario, oh, no, estamos en día de espectáculo, de pasión, y en la cancha situada en la Sala A se perciben los preparativos para este encuentro, con un despliegue de instrumentos por todo el espacio, que si contrabajo, violín, teclados, batería y hasta un micrófono, todos ellos unificados con despliegue de ingenio a espalderas, colchonetas, cintas de correr y una larguísima viga de madera propias para equilibristas de la gimnasia artística. Deporte y música, asociados para este terreno de juego creado por la dirección creativa de Miet Warlop bajo el nombre de ONE SONG, siendo la cuarta directora que acepta el encargo de NTGent, dentro del ciclo Histoire(s) du Théâtre IV.

Tempo, One Song, Miet Warlop, Alberto Revidiego, Teatro Clásico, EIDÔLON, Aristófocles eterno, Teatro Central

Una bandera multicolor ondea al viento al fondo de la escena, por encima de unas gradas que, al inicio, es únicamente ocupada por una comentarista (Karine Tanghe) vestida con un mono naranja quien, a puro megáfono, irá haciendo presentaciones, interludios y comentarios durante toda la obra, no sin dejar de atraer la atención que tenga 3 piernas, como un gesto mínimo que aceptar sin más. Llega ruidosamente un aforo a esas gradas, todos ataviados con sus bufandas deportivas y una apariencia muy ochentera. Los cánticos retumban cuando aparecen los deportistas-músicos en cuestión, son cinco, cada uno vestido como si fuese a disputar una disciplina diferente, hacen sus calentamientos y saludos mientras la comentarista inicia un ataque de risa que se contagia con la afición presente en la sala. Al grupo se le suma un animador con el clásico traje de animadora de fútbol americano que no dejará desde entonces de moverse por los contornos de la escena, a base de agitar sus pompones y su falda blanca.

Tempo, One Song, Miet Warlop, Alberto Revidiego, Teatro Clásico, EIDÔLON, Aristófocles eterno, Teatro Central

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Se activa el metrónomo, puesto en primera fila, sobre una colchoneta y una recreación mínima de esa bandera inventada, símbolo posible de cierta tribalidad. Comienza la deportista Elisabeth Klinck, quien tras meter los pies en una bandeja con magnesio, camina por la escena dejando sus huellas blancas y acaba junto al madero, donde recoge su violín, y es auxiliada a subir al mismo, desde el que comenzará a caminar y levantar sus piernas mientras toca el violín, con una altísima concentración. A los pocos compases, Simon Beeckaert se unió tumbándose en primera línea para iniciar tandas de abdominales mientras tocaba tumbado el contrabajo, sujeto con unas barras para meter los pies y facilitar el ejercicio. El siguiente deportista musical que se incorporó al terreno de juego fue Willem Lenaerts, a teclado tocado entre saltos frente a espaldera, seguido de cerca por Wietse Tanghe, como cantante y corredor en cinta, todo un hito para no perder el aliento durante toda la hora. Pero la canción única, que sería repetida durante toda la obra, no se inició formalmente hasta que se incorporó Tim Caramin, a la batería desestructurada, repartida por el espacio en 5 posiciones diferentes, entre las que tendría que correr para tocar a tempo y que nada se perdiese en la tiranía del metrónomo.

Tempo, One Song, Miet Warlop, Alberto Revidiego, Teatro Clásico, EIDÔLON, Aristófocles eterno, Teatro Central

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Era el momento de la verdad, sesenta segundos para darlo todo en la pista, para alcanzar el agotamiento físico y mental, que era uno de los objetivos diseñados por Miet Warlop como metáfora de muchas cosas, como una sociedad que cada vez te exige más superposición de atenciones y esfuerzos; como un cerebro más dividido y que va intentando hacer equilibrismos al galope de las exigencias de cada momento; o incluso el movimiento continuo al que nos lleva una sociedad que parece corearnos y animarnos, como esos otros seis hinchas que bailaban y voceaban desde las gradas, por no hablar del itinerante Milan Schudel, como animador, que no dejó de moverse casi en ningún momento (y ya aviso que será el último que quede en pie tras tal exhibición física y musical).

¡A los pocos minutos ya era un auténtico partidazo! Se producían cambios de tempo, especialmente para incrementar la velocidad, auspiciando la dificultad del nivel al que se sometían, sin fallo ni tiempo a protesta. Se producían algunas variaciones bien recibidas, como que el cantante corriese a ratos de espaldas, proyectando así parte de la canción con voz aguda; o aquel otro momento en el que el teclista, sin ceder en sus saltos, pisase con fuerza un pedal para un bombo que también le habían instalado en la base de la espaldera, como un anexo de percusión.

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Esta obra también gozó de mucho humor, ya sea con la recreación de la cámara lenta al bajar el metrónomo, y que todos se moviesen ingrávidos (sin perder el tempo) o las propias disputas entre el batería y el contrabajista para decidir a qué velocidad debían interpretar la obra. Significativa la cobertura danzante de aquel aforo en las gradas, y el uso que daban de sus bufandas para llenar un espacio o adecuarse a los cambios, como aquel momento en el que el contrabajista tomó su arco e interpretó sucintamente, a modo de intermedio, el Preludio de la Suite Nº 1 en Sol de Bach, y el público se colocó la bufanda como una banda cruzada al pecho, todos muy rectos y formales.

El mediocampo estaba ya dando muestras de cansancio, se apreciaba cómo sudaban los jugadores, así como arrastraban las primeras evidencias de agotamiento, dado que repetir esa actividad física durante una hora de forma incesante (apenas tuvieron un descanso breve para beber agua y seguir, momento que aprovecharon para que una máquina lanza-pelotas de pin-pon fuese proyectando al vocalista sus tiros y este tuviese que responderlas con una pala hacia el gran público, que lo coreó entusiasmado). Ese agotamiento se enraizó aún más cuando algunos músicos quisieron bajar demasiado el tempo del metrónomo y, en pleno sketch de comedia, tuvo que venir la comentarista a recuperar el ritmo normal del juego.

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Entramos en la recta final, y fueron muy buenos los efectos de goteras que caían desde lo más alto hacia ciertos puntos de la escena, especialmente sobre las cajas, bombos y platillos de la batería, creando un efecto visual impactante cuando aquel músico golpeaba con sus baquetas el instrumento empapado, levantando un haz de agua, jugada muy especial.  Como fue el momentazo en el que un hooligan entre las gradas saltara al campo de juego, empujara o molestase a unos y otros, antes de volver a donde salió. Otros de los motivos a tener en cuenta fueron los bloques de escayola que el animador fue colocando poco a poco en el fondo, sobre una suerte de estantes, con palabras sueltas que formaban frases, relacionadas con la canción en sí.

Tempo, One Song, Miet Warlop, Alberto Revidiego, Teatro Clásico, EIDÔLON, Aristófocles eterno, Teatro Central

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Cuando llegaron al momento insano, en el que el agotamiento estaba evidenciado, muchos de los jugadores fueron cayendo uno a uno. De hecho, el batería tuvo que sustituir al teclista, la violinista la batería… todo por mantener la canción, seguir el tempo reincidente; hasta se delegó el contrabajo a la equilibrista-violinista, se subió al madero para que ella lo tocase allí, y cuando ella tampoco pudo más, se bajó y el instrumento, en toda su presencia, quedó de pie solo, clavado en aquella viga larguísima. Los últimos en seguir en pie, como pudiesen, fue el cantante, el batería y el animador, que ya llevaba minutos girando sobre sí mismo, con un bloque entre las manos que decía IF (SI, condicional, y si….). Cayó la voz, afónica; quedó el batería, cerrando el compás, hasta que destrozó un platillo de escayola de un solo golpe y se arrojó al suelo. Siguió dando vueltas el animador, con una concentración brutal, y un mareo que era empático por todos. Finalmente también se arrojó sobre las gradas, fatigadísimo, quedó la comentarista únicamente susurrando, en busca de un cierre, a esa hora vibrante, cargada de emoción, en el que todos se regalaron completamente, que acabó con una parodia de himno nacional inventado, murmurado, pero con todos en pie, para cerrar con honores este encuentro deportivo a tempo reincidente.

Tempo, One Song, Miet Warlop, Alberto Revidiego, Teatro Clásico, EIDÔLON, Aristófocles eterno, Teatro Central

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