A continuación, EIDÔLON – Aristófocles eterno, la colección de crónicas literarias de Alberto Revidiego para cubrir la actividad relacionada con las Artes Escénicas que se desarrollan en los teatros de Sevilla, recogidas en Revista 17 Musas y Mapa Desbloqueado. Y Aristófocles, como eidôlon que es, más fantasma que nunca, participará de esta experiencia. Si quieres conocer en qué consiste este proyecto, aquí tienes la presentación.
CRÓNICA VIII: “LA CALIDESA” – Marta Barceló/Tolo Ferrà/Coma14/La Société de la Mouffette/Festival Grec
TEATRO CENTRAL – EIDÔLON, ARISTÓFOCLES ETERNO
29 de enero de 2026 – 24s d.c. (veinticuatro siglos después de mi cuerpo)
Algo inesperado es aparecer en plena mañana en el Central, escuchar cómo trajinan los profesionales por los pasillos, cómo se desarrollan entrevistas con los artistas en cuestión, y cómo el mundo queda fuera, porque dentro de los muros del Teatro Central hay una paz propia, un silencio cómplice. Yo, como fantasma, estoy poco acostumbrado a materializarme donde hay más vacío que presencias, dado que uno sólo es invocado por la alta carga escénica. Por ello, sabía que algo muy especial me aguardaba. Deambulé por los pasillos de aquel teatro, con las manos en los bolsillos de la túnica, como eidôlon ocioso, todo tan pulcro que daba ganas de empezar una carrera de polstergeist disruptivo que sembrase el caos; todos tenemos pensamientos intrusivos. Entonces vi llegar a un puñado de personas, pocos y selectos, que al momento les oí identificarse como compañeros de prensa. Aguardaron hasta ser conducidos hacia la sala donde tendría lugar LA CALIDESA una obra-instalación-experiencia inmersiva levantada por Marta Barceló, Tolo Ferrà, Coma14, La Société De La Mouffette, y Festival Grec.
A nada que pegué la oreja a la conversación que mantenían entre los recién llegados certifiqué que nada sería predecible, que la obra en sí se reiniciaba hasta 5 veces al día, ello durante 4 días, que el público tendría que correr para disfrutar de esos 45 minutos de experiencia y no quedarse sin su entrada. Apiñados en el pasillo, vinieron los agentes a recibirnos allí mismo, a darnos instrucciones, a meternos de lleno al universo que allí tenían preparado. Seleccionamos el idioma para la actuación, a pura mano alzada (griego antiguo no tienen, dejo constancia, pero sí castellano, catalán e inglés), y tras ellos nos otorgaron azarosamente tarjetas con una ruta de estaciones (pronto descubriría cómo va la cosa) y nos invitaron a pasar para conocer a La Calidesa. Al entrar, una plataforma hexagonal nos invitaba a acercarnos con una voz femenina, todo ello en una habitación oscura, apenas iluminada por los halos de luz de la propia plataforma y algún foco. Ahí, en plena transmutación escénica, me sentí inserto en las tripas tecnológicas de una nave espacial, puesto que alrededor nuestro, en un espacio con aires circulares, habían dispuestas 6 cabinas de formas diferentes, que nos aguardarían a su momento.

Concitados en el centro, nos explicó aquella voz invisible cómo funcionaríamos, el juego al que estábamos invitados a participar. A partir de ahí, cada uno seguiría su plan dispuesto en cada tarjeta, su propia ruta, que cada uno tendría la suya, todo con cierta armonía y sentido, pues algunos caminos estaban diseñados para cruzarse en el momento adecuado. A partir de ahí, nos arrojan al descubrimiento, y cada uno de los presentes nos fuimos a la cabina que nos tocaba. Una vez allí, el modus operandi era colocarse los cascos, contemplar qué se nos ofrece al otro lado de la vitrina, que advierto que en cada cabina es diferente (algunas son frontales, otras más inmersivas, otras te hace tener la sensación de que observas el interior de una vivienda desde el techo o desde la pared, y en todas se juega visualmente con proyecciones, elementos físicos, focalizaciones lumínicas y otros recursos visuales), para que, una vez acabamos, volver al centro hexagonal y recibir nuevas reflexiones o instrucciones.

No me atrevería a desvelar el contenido de cada cabina, es algo que hay que descubrir por uno mismo, porque realmente tiene un guion muy cuidado, una selección sonora completísima y algún elemento interactivo que sorprende gratamente. Se valen muchísimo de la técnica propia de los telepromters para proyectar varias capas visuales en un mismo espacio, con ese aire de transparencia que tengo yo mismo si me miras a los ojos de cerca. Con cautela, debo indicar que se narran vidas cruzadas que sirven como excusa para ahondar en sentimientos y memorias que, a raíz de un algoritmo (o la sensación de pálpito de un algoritmo tecnológico) nos va creando una imagen emocional de sentimientos universales con los que empatizaremos fácilmente. A nada que te funcionen las neuronas espejo vas a sentir cosas que te llevaran a otras de tu historial personal.

Cabinas de tecnomemorias, casi diseñados por una IA, en las que debes prestar ojo a los detalles, pues todas intentan estar relacionadas entre sí, ya sea desde un programa de radio, un videojuego a lo Blackmirror, un fin de año accidentado o cartas a seres invisibles, por citar algunos ejemplos. Increíble la atención a los detalles, tanto de luces como acústicos, vuelvo a resaltar el guion (humor, drama, inocencia) y, creo que es importante subrayar, el apartado técnico, el algoritmo en sí, que ha sido diseñado para adaptar la historia al número de participantes, a los idiomas que decidan escoger cada uno, y a los cruces posibles entre los mismos. Por último, debo indicar que, en un momento determinado, una de las cabinas te recompensará con una nueva posible amistad y una bebida en la cafetería del teatro, por lo que no dejes de aprovechar la oportunidad para conocer a alguien gracias al poder escénico. ¿Vas a perder la oportunidad de participar en esta experiencia inversiva que es conocer a LA CALIDESA? Algo muy diferente a lo acostumbrado.

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